Serenidad: imaginación a través de la inteligencia

La serenidad es el valor de mantener la calma en medio de la dificultad. Se trata de la característica de aquel o aquello que está o que es sereno. Este término (sereno), por su parte, puede emplearse como adjetivo para calificar a quien se encuentra tranquilo, relajado o reposado.

En lo que refiere a salud este es un estado psicológico apacible y sosegado, en el que no hay turbación física ni conflicto moral. La serenidad también se refiere a la capacidad de mantener la calma en situaciones estresantes.

Aquellas personas que vemos por la calle sonriendo y reflejando armonía a otros son las que realmente desarrollan este valor, son, motivando a los demás a vivir bien y generando sonrisas, cuando ellas mismas atraviesan un momento crucial en sus vidas y a lo mejor en su interior hay rastros de tristeza. Además, son capaces de estar en medio de un momento difícil y mantener la cordura para estabilizar su interior, para ayudarse a sentir paz.

La serenidad es una sensación de bienestar que nos permite focalizar las cosas que suceden a nuestro alrededor desde un costado más activo. Las personas serenas logran pensar antes de decidir y no se sienten demasiado asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir. Tampoco se recuestan en la infelicidad del pasado, ni fantasean posibles catástrofes futuras.

En realidad, quienes son más serenos pueden disfrutar de la vida y pensar que podrán, en algún momento, superar los problemas. Esto no significa esperar que las cosas mejoren o simplemente pasen solas. Por otra parte, se trata de actuar de acuerdo a lo que cada uno crea o considere mejor para sí mismo y para lo que debe afrontar.

Tener serenidad puede requerir un arduo trabajo personal, pero resulta fundamental para enfrentar las pérdidas y la adversidad. Y aunque no existe una fórmula para aprender aquellas respuestas serenas que le sirvan, es preciso tener en cuenta la importancia de vivir aquí, ahora y con lo que existe… y cambiar.

A veces la serenidad nos lleva a guardar lo que sentimos y nos impide desahogar las ganas de llorar que llevamos dentro, lo cual no es realmente bueno y favorable para nosotros.

¿Qué es significa serenidad?

La serenidad es la actitud o cualidad que permite al hombre mantener un temple sosegado y ecuánime, sin caer ni en la in- quietud ni en la zozobra. Está muy relacionada con la paciencia y ambas con la fortaleza, virtud que ayuda a enfrentarse con las dificultades y a superarlas.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA VIVIR EN SERENIDAD

Identifica el origen de la preocupación.

Indaga qué es lo que te causa malestar, qué te hace sentir angustia, ante qué situaciones se desencadena tu ansiedad, en qué momentos te sientes peor, o con más intranquilidad. Este es el primer paso para iniciar el camino hacia la transformación y la liberación de todas las preocupaciones.

Observa tu forma de actuar.

Fíjate si le estás dando mucha atención a cosas que no la merecen, si pierdes tu calma por asuntos insignificantes o si sabes manejar tus emociones. Si te percatas que tus reacciones son fuertes ante determinadas situaciones o personas, empieza a generar un nivel de conciencia que te haga ver cuáles son las cosas realmente importantes en tu vida. Lo descubrirás porque lo único que merece tu atención es aquello que te resulta agradable y puedes vivir desde el amor.

Procura no hacerte daño.

No te castigues siendo demasiado perfeccionista, sometiéndote a altos niveles de estrés por cumplir con tareas que están lejos de tu felicidad, o vivir bajo extremos estándares que te hayas impuesto. Este tipo de comportamientos conduce hacia la insatisfacción, la angustia y el agotamiento. Si detectas que estás actuando de esta manera, es momento para que te consideres como la primera prioridad en tu vida y evites someterte a ese tipo de castigo autoimpuesto.

Recurre a métodos efectivos.

Por ejemplo, meditar, hacer pilates, yoga u otro tipo de actividad con la que puedas drenar el exceso de energía o sobrecarga que sientas. No todo tiene que resolverse con tratamientos y pastillas –aun cuando en ciertas ocasiones sea necesario-. Pues, también es beneficioso aprovechar otros métodos que contribuyen a sentir armonía.

No te afanes.

Este es uno de los mandamientos para alcanzar progresivamente el estado de serenidad deseado. Mientras más empeño tengas por vivir en tranquilidad, más difícil será porque lo único que estarás logrando es continuar en la angustia que ha definido tus días desde hace tiempo. Si realmente deseas cambiar, debes despejar tu mente y desechar todo lo que te provoque desasosiego.

Toma tiempo para ti.

Esto es esencial. La serenidad viene desde dentro, es decir, no se encuentra en otros lugares, sino en ti misma, y quizás por eso es mucho más difícil obtenerla, ya que es imprescindible conectar con tu ser para contactar con la quietud que todos tenemos, pero que muy pocos saben hacer surgir. Siempre debes contar con un espacio que sea exclusivamente para ti, para realizar actividades que sean relajantes o placenteras, incluso si se trata solamente de querer dormir para calmar los pensamientos.

Apaga las emociones negativas.

Para lograrlo puedes salir un día a caminar e imaginar que, a medida que vas dando pasos, va saliendo y quedando atrás la ira, la impaciencia, la desesperación, la ansiedad, la angustia, las inseguridades, y así con todo lo que te afecte de manera negativa. Verás cómo al terminar tu paseo y regresar a casa te sentirás muchísimo mejor.

Demuestra agradecimiento.

Cuando tenemos este gesto, nos estamos concentrando en todas las cosas buenas que están en nuestra vida y con ello alejamos los pensamientos que nos presionan por obtener más cosas y llenar el hogar con objetos que al final no nos aportarán felicidad, o que olvidaremos a la semana de haberlos comprado. Una vez más, debemos tener presente que la serenidad y la calma no se encuentra en el exterior sino en nuestro interior.

Enfoca tu felicidad.

Oriéntala hacia el bienestar que puedas sentir hacia las cosas sencillas y hermosas de la vida. No apuestes por grandes logros, por un título o un puesto en una destacada empresa, porque si piensas calmadamente podrás notar que estas cosas bien pueden estar un día en tu vida y al día siguiente no. En cambio, cuando nos sentimos bien al admirar la naturaleza, por ejemplo, nuestra mente comienza a calmarse, los pensamientos negativos se van diluyendo y sólo la serenidad estará presente en nuestra existencia.

No intentes cambiar la realidad.

Hay cosas que nunca podrás cambiar, como lo que los demás sienten, dicen o hacen, así como otras situaciones que simplemente ocurren y no tienes el control en tus manos. Intentar modificar algo que está fuera de nosotros nos hará sentir inquietud. Acepta todo lo que ocurre, agradece el aprendizaje obtenido, y esfuérzate solamente en cambiar aquellas cosas de ti que te ayudarán a evolucionar para convertirte en un mejor ser humano.

No te resistas a los cambios que ocurren en tu entorno.

Hacerlo te hará sentir inquietud nuevamente. Tómalo como un proceso que está ocurriendo porque todas las cosas no pueden permanecer por siempre en el mismo estado, y limítate a reflexionar qué lección para la vida te dejará todo lo que está sucediendo.

Trabaja por hacer realidad estos diez consejos y serás testigo de los propios cambios que tu vida experimentará.

Ángel Buitrago

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